Blog

Pasión por la madera

De chicos era buscar  los momentos para acompañar al viejo, siempre que nos dejaban.
Jugar entre la madera. Ayudar a armar las pilas con ella para que se secara, las que  luego trepábamos como si fueran  montañas; pararse en la cima y  poder ver todas las casas de la manzana era como si estar  en la cumbre del mundo, nuestro mundo.
Jugar con recortes de distintas formas, crear juguetes con taquitos y piecitas que caían al suelo de las máquinas y bancos de trabajo era nuestro mayor pasatiempo.
Ya un poco más grandes, en vacaciones nos tocaba “trabajar”, no existían las  colonias de vacaciones y antes que quedarnos en casa, esa era la mejor opción. Al principio solo nos tocaba juntar viruta y aserrín  en las bolsas de plastillera para después cargarlas en el camión y acompañar a llevarlas al  viejo basurero municipal…todo una aventura!!! Más de una “zambullidla” nos ayudaron a dar en las montañas de viruta.
Disfrutar de historias con compañeros de trabajo, jugar al futbol en la hora del almuerzo.
Escuchar y volver a escuchar historias del viejo de  cómo había empezado, cómo lo habían ayudado, de la importancia de la palabra;  siempre dar la cara de cumplir con las obligaciones asumidas.
Durante mucho tiempo tuvimos tornería… El viejo había empezado como tornero, en un galpón improvisado, en donde había un  gallinero,  en la casa de los abuelos maternos. Allí podíamos pasar horas mirando como lo hacía, como  daba forma a esas piezas, cambiando de herramienta y como la manera de usarla lograban esas formas tan perfectas,  y sólo, con la misma viruta conseguir un pulido perfecto.
Recorrer todo los lugares del taller y el terreno, donde aun esta,  era toda una aventura.

Ya con 15 años me invitó a hacer muebles en pino y que él los vendería, fue así me pude comprar mi primer  moto,  después me pase a las placas melamínicas y fabricaba bibliotecas…las máquinas que teníamos eran chicas y todavía recuerdo el momento de cortar la primera…mi vieja, mi viejo y yo haciendo fuerza para poder entre los tres sostener eso tan grande.

En el año 1998  logramos traer uno de los primeros CNC industriales a Uruguay. 

También por esa época, César comenzó a estudiar Diseño Industrial el cual tuvo que dejar por tiempos de trabajo; pero luego retomaría en la UDE en 2003 recibiéndose de Licenciado en Diseño Industrial en el año 2006. “Poder estudiar jugando en la fábrica es impagable, por momentos pienso, y es lo que quisiera hacer; más que crecer en tamaño…” es una frase que continuamente aparece en nuestras charlas.

Todo lo que pensamos hacia nuestro equipo pasa por el corazón, a veces nos juega en contra como empresa, muchas veces nos equivocamos  pero siempre tratando de cuidarlos.

Hoy nuestro  padre está dando un paso al costado y nosotros dos estamos alineados para poder reflotar  la fábrica y que Julio Muebles vuelva ocupar el lugar que alguna vez tuvo en la industria del mueble a nivel Nacional.